No
Desde hace un tiempo hay una consigna que se va repitiendo entre nuestros gobernantes. Frente a protestas contra una narcosala, un nuevo centro penitenciario, una nueva línea de alta tensión, un nuevo parque temático, etc., afirman que “se han instalado en la sociedad la cultura del No”. Así, de una tacada se descalifican todas las protestas a la vez. Paralelamente, la existencia de una oposición por parte de Rajoy & Cia, basada en la negación como estrategia, da alas a la fórmula de: “No, es igual a ser reaccionario, es igual a apoyar al Partido Popular” o en el caso de Cataluña también a Convergencia i Unió.
Hay amores que mata
No soy economista. Mejor me hubiera ido, sin duda, pero no lo soy. Aún así, hace unos días que tengo una teoría económica en la cabeza y mira tú por donde la voy a soltar. Seguro que no es del todo nueva y quizás no sea exacta, pero para eso tengo un blog, digo yo.
Se alquila ciudad, razón aquí
Señores responsables de turismo, lo hemos entendido. Se trata de emigrar cuanto antes. Entendemos que su proyecto de ciudad necesita más y más espacio para el turismo. Más espacio físico, económico y cultural. Los aburridos ciudadanos autóctonos que cometemos la torpeza de distinguir una paella de un pastiche precocinado y que tenemos la fea costumbre de levantarnos temprano, debemos dejar paso a los nuevos barceloneses.
La autogestión y el activismo civil
El supuesto Estado de bienestar, que ha convertido la cultura en ocio, nos ha hecho creer que los estamentos públicos nos debían apadrinar en todas y cada una de las manifestaciones creativas. Parece que son los gobiernos locales, nacionales o estatales los que deben pagar la cuenta de los artistas. Quizá el caso más evidente está en las artes escénicas, donde las compañías de danza y teatro se consideran más como bienes patrimoniales que como industrias culturales. Dejemos eso atrás. Libremos a los políticos de la cultura.